Las mieles del éxito

RosalvaTodos2 Comments

Solemos tener una imagen más o menos clara de lo que es el éxito.

De pequeños nos dicen que tenemos que estudiar mucho y sacar buenas notas para llegar a ser alguien en la vida, que tenemos que ir a la universidad. Muchos de nuestros padres o nuestros abuelos no tuvieron esa oportunidad. Ellos tuvieron que trabajar duramente para sacar adelante a la familia. Bueno, eso si eras hombre, puesto que a la mayoría de las mujeres, — o más bien niñas — tenían que encargarse del cuidado del hogar y del resto de los hermanos para que sus padres pudiesen trabajar y tener garantizado un plato de comida cada día.

Gracias a esa carrera universitaria conseguiríamos un buen trabajo, otro indicador de éxito, pero no uno bueno «cualquiera» sino aquel que nos diese prestigio, dinero, poder en cierta medida.

Con ese dinero podríamos comprar cosas. Muchas cosas. Cuantas más mejor. Una casa grande, un coche genial, el último gadget de moda, la ropa más molona, lo mejor de cada una de ellas. ¿Las necesitamos? No lo sé. Realmente la gran mayoría ni se lo plantea. O quizá nos digamos que sí para apartar a esa mosca cojonera a la que no queremos hacer caso.

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Además de comprar nos permite hacer «cosas», qué cosas, no sé… ¿Cuáles dices que hay que hacer? Pues esas. Que está de moda viajar al sudeste asiático, pues pa’ allí que nos vamos todos. ¿Quiero ir? No lo sé. Se supone que sí, ¿no?

No nos olvidemos de las relaciones. Tenemos que tener un millón de amigos. Pareja. Hijos. Sonreír siempre y estar feliz la mayor parte del tiempo. Tener emociones «desagradables» o estar «incómodos»… caca.

¿Te suena?

Hemos asociado éxito a felicidad constante, a no preocuparnos por nada, a que todo funcione a la perfección, a tener dinero para poder comprarnos todo lo que nos plazca, fama, poder. A vivir en el país feliz de la casa de la gominola de la calle de la piruleta, a lo Homer Simpson. A querer ser unicornios que tosen purpurina y estornudan arco iris.

Y, ¿qué pasa cuando no obtenemos eso? Frustración. Nos sentimos perdedores. Fracasados.

Es algo así como que creemos que primero tenemos que tener algo: dinero, tiempo, amigos, una pareja, un trabajo, hijos, una casa, una carrera universitaria. Para después poder hacer aquello que queremos: tener una empresa, viajar por el mundo, pasar más tiempo con nuestra familia y amigos. Y sólo entonces podremos ser: felices, enamorados, tranquilos y en paz.

Todo ello son creencias que hemos ido forjando a lo largo de nuestra vida, en aras de ser todos iguales. Pienso, quizá, que no hemos entendido bien el concepto de igualdad. Igualdad de derechos y de oportunidades para conseguir aquello que queremos, pero no todos tenemos que querer lo mismo ni destacar en lo mismo. Porque todos somos diferentes.

Indicadores del éxito

Entonces, si el dinero, la fama, el estatus y el poder no son indicadores de éxito, ¿cuáles lo son?

Un estudio realizado por la Universidad de Harvard, que puede ser el más largo de la vida adulta de la historia, ha analizado durante más de 75 años la vida de 724 hombres, preguntándoles acerca de su vida, su trabajo y su salud. Uno de los grupos eran estudiantes de segundo grado de dicha universidad, en el momento cuando comenzó, y el otro eran chicos de uno de los barrios más pobres de Boston. En la actualidad se siguen estudiando a algunos de estos mismos hombres, y también se han incluido a sus parejas e hijos. A lo largo de los años se ha observado que para esas personas el éxito no ha consistido en la fama, el poder o en trabajar mucho, sino en tener buenas relaciones. Ésa era la verdadera clave para su felicidad y el mantenimiento de su salud.

Otro estudio realizado en la Universidad de Strayer en Estados Unidos observó que el 90% de los estadounidenses encuestados creen que el éxito es alcanzar la felicidad más que tener poder o prestigio. Para un 67% el éxito consistía en lograr objetivos personales, el 66% alegó que era tener una buena relación con la familia y los amigos y para el 60% era amar lo que uno hace para vivir. Solo un 20% de los encuestados, dijo que la riqueza era el determinante de éxito.

Según palabras de Michael Plater, presidente de dicha universidad, «es un reto cuantificar e identificar qué define el éxito, ya que cada individuo tiene su propia visión única y experiencia personal». Para él, «una de las conclusiones más importantes del estudio es que el éxito hoy en día se trata más de establecer metas personales y lograrlas que cualquier otra cosa. Es la sensación que tienes cuando alcanzas un nuevo objetivo de actividad física, conectas con amigos que no has visto en un tiempo, ves a tu hijo tener éxito, has tenido una entrevista de trabajo muy buena, y muchos otros momentos pequeños pero increíbles. Es la sensación de que has logrado algo más grande y mejor que tú.»

Por lo tanto el éxito depende de factores subjetivos. Cada persona tendrá un significado diferente del mismo porque no todos tenemos los mismos objetivos. No todos queremos lo mismo.

El éxito es obtener aquello que uno desea, por muy pequeño o nimio que pueda parecer, intentando disfrutar del proceso, porque quieres alcanzar un mayor estado de bienestar. Si de alguna manera no tiene un impacto en ello, quizá es que no es éxito, aunque los demás entiendan que sí.

Qué es el éxito para ti

¿Te lo has preguntado alguna vez? ¿Te has «desnudado» y mirado en el espejo y has hecho un ejercicio de honestidad y sinceridad contigo mismo?

«Los dos días más importantes en tu vida son el día en el que naces y el día en el que descubres por qué»- Mark Twain.

Para ello tenemos que hacer como Mafalda, pararnos y bajarnos del mundo por un momento para descubrir realmente lo que queremos. Tratando de ser conscientes de todos los sesgos, pensamientos limitantes y creencias que tenemos para evitar que influyan en exceso en nuestra decisión. Tenemos que hacer un ejercicio de autoconocimiento.

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Para mí el éxito es saber quiénes somos, conocer nuestros valores y principios y actuar conforme a ellos. Es saber identificar y gestionar nuestras emociones, pensamientos y creencias, tener buenas conexiones con terceros, aprender. Es saber qué queremos conseguir y a qué queremos dedicar nuestro tiempo — aun si tuviésemos millones en la cuenta bancaria y no necesitáramos el dinero para sobrevivir — ayudándonos de nuestras fortalezas y habilidades para ello. Es hacer cosas que a veces no nos gustan, pero que en cierta manera nos están acercando a aquello que queremos, como cuando tenemos que trabajar en algo que ni fú ni fá pero que es necesario para alcanzar aquello que sí. Es sentir satisfacción en el proceso. Es la sensación de haber contribuido en algo más grande que nosotros, dando lo mejor de uno. Es ser más saludables a nivel físico, mental y con el entorno, para experimentar un mayor estado de bienestar.

Quizá haya que darle la vuelta a esa creencia de que primero tenemos que tener algo, para después hacer lo que queramos y entonces ser. Quizá primero debamos ser, para luego hacer lo que queramos y de esta manera conseguir tener lo que queramos. Si queremos tener aquellas cosas que la gente saludable y feliz tiene, primero tendremos que ser y vivir de manera saludable y feliz para conseguirlas.

Los resultados se obtienen de nuestras acciones. No al contrario.

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Comentarios

2 Comments on “Las mieles del éxito”

  1. Hola Belén, ¡muchas gracias por tu comentario y tus palabras!

    Creo que tienes razón, hay que tener la motivación y hacer el esfuerzo necesario para conseguir aquello que para nosotros es el éxito. No es algo que nos caiga del cielo. A veces se hace cuesta arriba pero ¿y si aprendemos a disfrutar del proceso? ¿y si intentamos que el camino nos haga sentir bien?

    Creo que ahí puede estar el reto. Que solemos querer llegar a la meta para, en ese momento, ser “felices”, y una vez la alcanzamos sentimos que se va rápidamente entre los dedos, y disfrutamos poco del proceso de llegar hasta ahí.

    Un saludo :*

  2. Quizas tambien hay que querer el existo y el esfuerzo. Necesario para realizar lo que queremos.
    Muy buen documento . gracias por exponerlo.

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