Cómo las emociones influyen en nuestra vida

RosalvaTodos0 Comments

En los últimos años parece que es imposible encender la tele o leer el periódico y no pensar «madre mía, cómo está este mundo. Cada vez peor». ¿A ti también te pasa?

Pues, aunque no te lo creas, la violencia ha ido disminuyendo a lo largo del tiempo y, en palabras de Stevin Pinker, profesor de Harvard, «podemos estar viviendo en el momento más pacífico de la existencia de nuestra especie».

Por otro lado también parece que ha habido una proliferación de los llamados «trastornos mentales» y seguro que todos conocemos a alguien — si es que no somos nosotros mismos —  que ha tenido o tiene ansiedad, depresión o cualquier otro tipo de ellos.

En realidad no parece que lo haya habido, realmente los casos han aumentado. Según datos de la Organización mundial de la salud:

  • Trastornos depresivos. Afectan a más de 300 millones de personas en el mundo. Un 4,4 % de la población total.
  • Trastornos de ansiedad. Afectan a un 3,6% de la población mundial.
  • Trastorno bipolar el cual afecta a 60 millones de personas.
  • Esquizofrenia y otras psicosis a 21 millones de personas.
  • Demencia a 47,5 millones de personas.
  • Trastornos del desarrollo como el autismo

Pero esto no parece ser que se deba a que cada vez haya más personas que tengan problemas con su salud mental sino que existe una mayor tendencia a psicopatologizar situaciones o problemas de la vida cotidiana, al igual que a medicalizarlas, en el que tiene mucho que ver la industria farmacéutica.

Por qué son tan importantes

Hace más de 300 años a.C., en su obra Ética a Nicómaco, Aristóteles ya realizaba una reflexión filosófica en la que relacionaba la virtud y la felicidad con la capacidad que las personas tuviesen para gestionar sus emociones de manera inteligente.

Las emociones son reacciones que se producen ante determinados estímulos y que derivan en una acción. Cada una de ellas nos prepara para llevar a cabo una acción específica diferente y, en numerosas situaciones, se producen automáticamente, antes incluso de que uno haya sido consciente. Es por ello que han sido sumamente importantes para la evolución de nuestra especie.

En el pasado, nos permitieron resolver situaciones que entrañaban un riesgo del cual dependía nuestra existencia, así pues el miedo a las alturas nos alertaba del peligro que suponía acercarse a un acantilado o subirse a un árbol, pero según palabras de uno de los principales defensores de la inteligencia emocional, Daniel Goleman, muchas de ellas carecen de utilidad en las condiciones de vida actual, ya que los cambios sociales y tecnológicos se producen con mayor celeridad que la evolución.

De hecho, muchas de las leyes y normas de la sociedad, morales y éticas, han sido para controlar que las emociones no desborden a la razón.

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Inteligencia racional vs inteligencia emocional

Daniel Goleman, describe en su libro Inteligencia Emocional, dos clases generales de inteligencia, la racional y la emocional, siendo la armonización de ambas la llave para el bienestar y la salud mental.

Además de la influencia de la evolución en nuestras emociones, también juegan un papel importante la herencia genética y nuestra personalidad. La educación emocional que aprendamos en nuestra niñez, ya sea por nuestros padres o en el colegio, va a ser determinante para adquirir habilidades de inteligencia emocional para que así, en la adolescencia, se puedan asimilar esos conceptos que posteriormente repercutirán en la toma de decisiones que realicemos.

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El problema es que la educación tradicional ha estado más centrada en dotar de inteligencia académica que la emocional o social, y no tiene en cuenta el amplio abanico de habilidades que son más decisivas para la vida. Se le ha dado más importancia a la cantidad de conocimientos adquiridos sobre una materia determinada, que en la mayoría de los casos se aprende de memoria y no se comprende, pero en el mejor de los casos, el CI — el test para medir la inteligencia académica —  parece aportar tan sólo un 20% de los factores determinantes del éxito.

En el libro citado, se define la inteligencia emocional de la siguiente manera:

  • El conocimiento de las emociones.
  • La capacidad para gestionar las emociones y adecuarlas a nuestras acciones.
  • La capacidad para motivarse a uno mismo, mantener la atención, la motivación y la creatividad. Argumenta que si somos capaces de experimentar flow, estaremos más capacitados para lograr resultados exitosos en cualquier área de nuestra vida.
  • El reconocimiento de las emociones ajenas: empatía.
  • La habilidad para relacionarnos adecuadamente con los demás a través de las emociones ajenas.

La importancia de la inteligencia emocional

El conocimiento de uno mismo es sumamente importante para ser emocionalmente inteligente, para gozar de una buena salud mental, para tener una vida plena, para sentirse y estar bien, para llevar a cabo una correcta toma de decisiones, para relacionarnos con los demás, para elegir el trabajo adecuado…

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Así pues, si nos conocemos y sabemos quiénes somos y qué queremos, podemos tomar decisiones que conduzcan al éxito, entendiendo por éxito como algo subjetivo, de lo que cada uno quiera conseguir con su vida, y que no tiene por qué ser tener una casa con piscina y un descapotable.

Cuando sabemos gestionar nuestras emociones podemos evitar conflictos con terceros, dejar de culpabilizarnos por cosas que no tienen nada que ver con nosotros, «estar bien», a pesar de que sintamos emociones desagradables que forman parte de la vida, como la tristeza, la frustración y el miedo. Por lo que se pueden evitar esos «trastornos mentales» que no hacen más que ir en aumento, la violencia, problemas de adicción o trastornos de alimentación, ya sea por exceso o por defecto.

Si conseguimos motivarnos a nosotros mismos seremos más creativos, menos impulsivos y más capaces de entrar en flow para conseguir sobresalir en casi todo aquello que nos propongamos.

Podremos conectar de manera real y profunda con los demás, a través de la empatía y, aunque pueda sonar exagerado, hacer de éste un mundo mejor: siendo más tolerantes y respetuosos con otros, evitando provocar daño a terceros, compartiendo y siendo menos egoístas. Inspirando y ayudando a los demás para que alcancen aquello que quieren.

La inteligencia emocional se puede desarrollar, trabajar en el «gimnasio», como si se tratase de nuestro cuerpo, es un proceso muchas veces duro, porque tienes que enfrentarte a «cosas» que no te gustan o que te producen malestar pero, creo que merece la pena.

¿Tú no?

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