¿Qué hubiese pasado si no nos hubieran educado para el pasado?

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¿Y si lo hubieran hecho para el futuro, para la vida?

Cuando pienso en mi etapa escolar me viene a la cabeza la siguiente imagen:

Estar sentada un número determinado de horas. Muchas. Escuchar. No hablar. Ser pasiva. Revolverme en la silla, incómoda, con la cabeza saturada y con ganas de levantarme. Estudiar o hacer deberes por la tarde. Memorizar cosas que no recuerdo. Cosas a las que no les he encontrado ninguna utilidad en mi día a día. Tener que decidir a qué dedicarme el resto de mi vida laboral sin sentirme preparada ni tenerlo demasiado claro y guiarme por mi instinto — o lo que quiera que haya sido — . Descubrir que no estaba tan desencaminada pero sentirme frustrada en el terreno laboral durante mucho tiempo sin saber por qué.

En cambio he echado en falta muchas otras herramientas o habilidades que he tenido que aprender por mí misma o que estoy en proceso de:

Tener pensamiento crítico y cribar información. Debatir, escuchar, empatizar y ser compasiva con los demás. Compartir. Dejar desarrollar mi creatividad — y que no tiene por qué ser solamente pintar en un dibujo, dentro de los límites establecidos — . Identificar y gestionar mis emociones, pensamientos y creencias. Aprender a alimentarme de manera saludable. Finanzas e inversión. Dejarme ser curiosa y que descubriera por mí misma qué me hacía tilín de manera natural. Dejarme desarrollar mis habilidades y mis fortalezas. Ser independiente y autónoma. Ayudar y colaborar con el resto de los niños, trabajar en equipo, porque no nos engañemos, cuando te mandaban un trabajo en grupo y te dividías el contenido y luego copiabas y pegabas… eso no es trabajo en equipo.

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¿A ti también te pasa?

Educación tradicional

La educación se remonta a los orígenes del ser humano. Comenzó en la prehistoria cuando los adultos enseñaban a los jóvenes los conocimientos y las habilidades que eran necesarias para vivir en sociedad. Es un proceso de socialización y endoculturación, lo que transmiten la cultura y los memes, a través del que se desarrollan capacidades físicas, intelectuales, habilidades y comportamientos con fines sociales.

La mayoría de nosotros hemos tenido una educación tradicional o «moderna» que comenzó a consolidarse gracias a la Primera Revolución Industrial: el mayor proceso de transformación económico, social y tecnológico de la historia de la humanidad desde el Neolítico, y que se produjo en el siglo XVIII, a través del cual se cambió de un modelo basado en la economía rural a otro urbano e industrializado.

¿Cómo es posible que nuestra educación actual esté basada en una revolución industrial producida hace tres siglos y que se siga aplicando en la actualidad cuando se habla de la Cuarta Revolución Industrial?

Christoph Roser at AllAboutLean.com

 

¿La educación no consiste en prepararnos para tener unos conocimientos y unas habilidades que son necesarias para vivir en sociedad? ¿Por qué si se supone que en el colegio te deben educar para la vida, para el futuro, nos educan en un paradigma del pasado?

Evolutivamente somos reticentes a los cambios. Cambiar significa vivir un periodo de incertidumbre y crear una respuesta adaptativa que requiere tiempo y esfuerzo para que se produzca.

Pero la tecnología avanza a pasos agigantados en lo que se conoce como la ley de rendimientos acelerados. El astrónomo Gerald Hawkins, en su libro Mindsteps to the Cosmos, describe los mindsteps como cambios radicales e irreversibles de los paradigmas o visiones del mundo: la escritura, las matemáticas, la imprenta, el telescopio, el cohete, el ordenador… Según palabras de Hawkins el periodo de espera entre mindsteps se hace cada vez más corto. Así que por ejemplo si desde la invención de la rueda a la creación del automóvil tuvieron que pasar más de 4.000 años, entre el ordenador e internet sólo pasaron 20.

Por otro lado, a nivel político no compensa gastar tanto dinero en un cambio de paradigma que no tiene una repercusión inmediata, sino que va a tardar en dar frutos unos 15–20 años.

Triste, pero cierto.

Teoría de inteligencias múltiples

Nuestra educación actual está basada en la visión psicológica estándar del intelecto que establece que solo existe la inteligencia académica, bastante centrada en el binomio lógico-matemático. Según la misma, los niños con mejores notas o con un cociente intelectual mayor, son los más inteligentes. Pero este tipo de inteligencia no garantiza que se adquieran otras habilidades que son incluso más decisivas para la vida.

El psicólogo Howard Gardner y su equipo de la Universidad de Harvard han desarrollado la Teoría de las Inteligencias Múltiples, que afirma que los seres humanos tienen una cantidad de capacidades intelectuales relativamente discretas.

Hasta el momento, han descrito ocho tipos de inteligencia:

Actualmente Gardner y su equipo están en proceso de denominar una novena, la inteligencia existencial.

Conclusiones

Nos han educado para ser todos iguales, para que todos tengamos el mismo tipo de inteligencia y meter en el cajón de fracaso escolar a aquellos que no la dominan, con la repercusión que esa etiqueta puede tener en la vida de una persona. No se tiene en cuenta que cada uno de nosotros tenemos nuestras propias habilidades, fortalezas, debilidades, experiencias en la vida o curiosidades. Cuando la realidad es que hay muchos de esos mal denominados «fracasados escolares» que han conseguido saborear las mieles del éxito en su vida, incluso más que alumnos catalogados de inteligentes.

Pienso, quizá, que no hemos entendido el concepto de igualdad. No tenemos, ni deberíamos querer ser todos iguales, porque no lo somos y porque no es lo que necesitamos como sociedad. Aunque nos parezcamos, hay sutiles diferencias entre unos y otros. Ese concepto hace referencia a igualdad de deberes, derechos y oportunidades sin importar el sexo, la raza, la religión o la edad.

Creo que el reto está en que las escuelas busquen la manera de personalizar el aprendizaje de cada niño, respetando sus tiempos y, por llamarlo de alguna manera, su talento natural o aquello por lo que muestren interés, porque no es lo mismo tener que aprender algo de manera obligatoria, que algo que te interesa, — seguro que todos en la vida adulta hemos experimentado esa sensación — . Que les enseñen a desarrollar habilidades del siglo XXI, como el pensamiento crítico, la creatividad, la inteligencia emocional o la resolución de problemas, que les dejen ser autónomos y curiosos en su aprendizaje. Que les enseñen a conocerse y a ser empáticos con los demás. Que les eduquen para la vida y para el futuro. Que les enseñen a maximizar su salud para gozar de un mayor nivel de bienestar.

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