El príncipe azul que siempre soñé no se convirtió en rana sino en mi TODO

RosalvaMis Quince Años de Oscuridad, Todos2 Comments

Desde el primer momento en el que supe que iba a abrir las puertas, ventanas e incluso los ventanucos de mis sentimientos, mis pensamientos y mis emociones al mundo entero, supe que TÚ, serías co-protagonista absoluto en la mayoría de mis historias. Porque si me paro a pensar en qué significas en mi vida, mis ojos se anegan de agua, me tiembla la barbilla, la piel se me pone de gallina y el corazón se me encoge, síntomas de una única posible respuesta. TÚ eres mi TODO.

Eres la persona que ocupa cada uno de mis pensamientos, sensaciones y emociones. Eres protagonista de gran parte de mi pasado, de mi presente y de los sueños de mi futuro. Eres quién me conoce casi mejor que yo. Eres esa persona que desmonta los cuentos de Disney porque el príncipe azul que siempre soñé, no te llega ni a los talones.

TÚ eres quien traía rayitos de luz a la época de Mis quince años de oscuridad. Quién me salvó de vivir en ella para siempre. La vida y de mí misma. Eres la persona por la que no me he quedado escondida debajo del edredón cuando el miedo gobernaba mi vida. Quién que me ha dado fuerzas para enfrentarme al tigre. El que me ha ayudado a levantarme cada vez que me tropezaba y caía. Quién ha transitado conmigo de la mano por este camino oscuro, lleno de maleza y me ha ayudado a sortear las piedras. Eres la persona que me ha curado las heridas, con cuidado y con mimo, a la vez que cantaba el sana, sana, culito de rana. Quién ha contribuido a que yo sea libre.

Has visto como me he roto en cientos de pedazos, una y mil veces, y me has ayudado a volver a colocar las piezas, una a una. Has sostenido mi cuerpo con tus brazos cuando éste no paraba de bailar al ritmo de cada hipido. Has limpiado mis lágrimas con amor y ternura infinita. Y a mí no me da la vida. Una vida entera no es suficiente para que seas consciente de lo que significas para mí, para darte las gracias y devolverte un poquito de todo eso que me has dado. No. No lo es.

TÚ, Ardiel, fuiste mi novio y ahora eres mi marido. Pero también mi mejor amigo. Te conocí cuando tenías 17 y yo 15, en la playa de nuestro barrio por aquél entonces. La playa que me vio nacer y en la que tú, años después aprendiste a surfear. Ese día soleado de septiembre, presencié por primera vez el despertar de miles de mariposas que habían estado adormiladas en mi interior y que emprendían el vuelo no dejando un ápice de mi ser sin explorar. Creo que el pelotazo en la cabeza que te dieron en ese momento, hizo que sintieses lo mismo por mí —en serio, le dieron un pelotazo.

Eres una de las personas más auténticas e inteligentes que conozco, por no ser categórica y decir que la más. Siempre me has dicho que una de las máximas que rigen tu vida es «Memento mori», recuerda que vas a morir. Esta frase es un recordatorio de que sólo tienes una vida, de que te vas a morir y de que no sabes cuándo. Es una frase que te recuerda cada mañana, que tienes que vivir, hoy, haciendo aquello que le dé significado. Sin excusas y cueste lo que cueste. Porque para eso es para lo que hemos nacido.

Me mostraste que no hacerlo era lo peor que me podía pasar porque en el futuro me iba a arrepentir de ello. Miraría hacia atrás y me daría cuenta de que había desperdiciado mi vida haciendo lo que se supone que debía hacer o lo que los demás querían y que soy yo la que tengo que escribir la historia de la misma.

Contigo aprendí que no tenía por qué regirme por las normas establecidas: comprarme un coche y una casa, tener un trabajo fijo y muchos ceros en la cuenta bancaria sino que tenía que descubrir aquello que me hiciese feliz, aquello por lo que había nacido, y luchar porque se hiciese realidad. Construyéndolo cada día, poco a poco. Porque si no arriesgas, realmente no vives.

Me demostraste que soñar estaba bien, pero que era incluso mejor realizar las acciones que lo hicieran realidad, pasito a pasito —suave, suave-cito—. Y que éstas personas eran las que cambiaban el mundo, aunque sólo fuese el de una.

Me dices que nada es imposible. Que si quiero puedo ser capaz de nadar de la aleta de una ballena.

Por si fuera poco, me has ayudado a conocerme a mí misma. A saber quién y cómo soy. A saber quién quiero ser y a dónde me gustaría llegar. Me animas a que lleve a cabo el propósito de mi vida y me has dado valor para que comparta mi historia con el mundo. Para que todo mi dolor no se quede guardado en un cajón, con el objetivo de impactar aunque sea en una sola persona. Para tomar consciencia, a que ejecute alguna acción o a que sepa que se puede salir de la oscuridad y, aunque tardes quince años en hacerlo, merecerá la pena.

Gracias a ti he podido comprobar esta gran frase de Gandhi:

«La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo uno dice y lo que uno hace está en armonía»

Me enseñaste a agradecer cada día la oportunidad de estar viva y a disfrutar de las pequeñas cosas. Ésas que no se pueden pagar con dinero y que se te quedan grabadas en la piel, en las retinas o en el corazón. Como esos momentos en los que me tumbo a tu lado y lo único que hacemos es cerrar los ojos y escuchar música, o cuando me das los buongiorno principessa y haces que se me ilumine el rostro.

TÚ eres amor y conexión. Comprensión y respeto. Eres generosidad y cariño. Curiosidad y pragmatismo.

Eres mi hogar. Tus ojos verdes moteados de amarillo y con una pintita roja, son el espejo en el que más bonita me he visto reflejada. Tu sonrisa es lo que más me gusta ver cada día. Y da igual el lugar en el que me encuentre. Éste es solo un escenario, una ubicación, un punto en el mapa. Lo que importa es que esté contigo y si puede ser, con tus manos rodeando mi cuerpo, mientras mi cabeza descansa entre el hueco de tu hombro y tu cuello. Ahí ya me estaré en el paraíso.

Hemos crecido juntos, complementándonos desde todos los ángulos posibles. Eres mi complemento directo, indirecto y circunstancial, de tiempo, modo y lugar. Hemos construido una familia que va de amor y de hacerse felices el uno al otro. Compartiéndolo todo. Una familia que se dice y se demuestra cada día que se quiere. Que lo siente de verdad. Porque cuando lo sientes, permanece.

En nuestros más de quince años de relación, evidentemente todo no ha sido purpurina de colores, elefantes rosas y unicornios que vomitan arco iris. Pero todo, absolutamente todo, lo bueno y lo malo, lo mejor y lo peor, ha dado lugar a quienes somos ahora cuando estamos juntos, pero también cuando no.

Gracias una y mil veces por todo.

I love you to the moon and back, infinity times infinity.

Barcarolle, Les contes d’hoffmann. Offenbach. La vita é Bella.