El árbol que se convirtió en pájaro está aprendiendo a volar

RosalvaMis Quince Años de Oscuridad, Todos0 Comments

Este post es uno de los más importantes que he escrito porque en él voy a explicarte por qué he contado mi historia.

Lo que he hecho no ha sido fácil para mí por numerosas razones, pero la principal es porque contar mis sentimientos y mis pensamientos, mostrar mis vulnerabilidades y mi dolor al mundo entero, requiere determinación y, si me permiten, valentía. Puede que, como en un juicio, todo lo que haya dicho pueda ser utilizado en mi contra en algún momento, o que haya gente que me juzgue, que se haga una idea de mí sin conocerme que, quizá, no se ajuste con la realidad, o puede que también el que me conozca cambie su percepción sobre mí, para bien o para mal.

Tampoco lo ha sido porque he tenido que recordar y no sabía si ello me podía perjudicar, es decir, me aterrorizaba pensar que escribir sobre esto pudiera hacerme revivir todo aquello que una vez sentí, y lo peor de todo, que fuera un factor determinante para hacerme recaer.

Humildemente, he contado mi experiencia durante mis quince años de oscuridad porque creo que al darle visibilidad se puede ir reduciendo poco a poco el estigma que existe con respecto a los trastornos emocionales o mentales, porque da igual el género, el nivel sociocultural, los ingresos económicos, que formes parte de una familia maravillosa y unos amigos increíbles que te quieren — como ha sido mi caso — , todos podemos padecerlo.

Tampoco quería que todo mi dolor se quedase guardado en un cajón porque, como alguien me dijo una vez, nunca sabes si hay alguna persona ahí fuera que necesita escuchar — o leer — tu historia porque está experimentando lo mismo que tú. En ese momento mi cabeza hizo «click» y ha sido mi principal motivación, porque muchas veces me sentí incomprendida, incluso por mí misma, ya que no sabía qué era lo que me sucedía ni el porqué. Muchas veces llegué a creer que estaba «loca», que esto iba a formar parte de mi vida para siempre, que estaba sola o que lo estaría porque nadie iba a aguantar esta situación, que era «rara» porque lo tenía todo en la vida y nunca me había faltado ni el amor ni el cariño de mi familia y amigos, pero a pesar de todo yo no sabía estar bien, creyendo que estaba «defectuosa» por ello.

Así que lo he contado, porque no fue hasta que alguien me dijo que lo que me estaba sucediendo era «normal» y que me podía ayudar, que empecé a ver la luz. Creo que si hubiese conocido a alguien que estuviese experimentado lo mismo que yo, me habría sentido menos rara, sola o incomprendida, y si además su experiencia se hubiese solventado, me habría dado esperanzas y fuerzas para seguir adelante. Porque cuando conoces a alguien que se puede poner en tus zapatos, eso te puede dar valor para tomar alguna acción que te haga sentirte bien, a buscar ayuda, a no rendirte, ni a quedarte escondido debajo del edredón, por muy tentadora que sea la idea.

No sé si lo habré conseguido pero he querido transmitir a personas que se enfrentan a esta situación o que las conozcan, que no son los únicos, que no están solos, que no son raros, que no están locos, que no están defectuosos, que da igual que lleven quince años padeciéndolo porque hay esperanza. No es un camino fácil pero se puede salir de la oscuridad.

Descosiendo la sombra

Como Wendy hizo con Peter Pan, he estado llevando una sombra cosida a mis pies durante este último año, durante el cual he estado aprendiendo a vivir, acostumbrándome a mi nuevo exoesqueleto, pero ahora necesito dejarla ir.

Contar mi historia me ha ayudado a nivel personal a ordenar mis ideas, a encajar piezas de mi puzzle y a aumentar el conocimiento que tengo sobre mí misma. Ha sido enormemente beneficioso y, afortunadamente, recordar no ha hecho que me sienta mal ni me ha afectado emocionalmente, pero me apetece cerrar página. Esto seguirá siendo parte mi vida, porque es algo que he vivido y no puedo — ni quiero — borrar, como si nunca hubiese pasado, pero tampoco quiero tenerlo presente una y otra vez.

He llegado al punto de aceptar y agradecer todo lo que he experimentado, lo bueno y lo malo. Doy gracias porque el tigre haya aparecido en mi vida porque creo que de no haber existido, ahora mismo sería una persona diferente y estoy empezando a gustarme. También tengo la convicción de que ha dado lugar a que tenga una relación maravillosa con mi familia y amigos, y en especial, con Ardiel. Creo que sin el tigre nuestra relación no sería la que es hoy en día y, si volviese a nacer, firmaría ante un notario para que diera fe, de que querría experimentarlo de nuevo.

Me siento increíblemente afortunada, por todo y por nada, por todas las personas que están a mi alrededor y que me quieren, pero sobre todo por aquellas que me han dado su hombro para llorar, sus manos para sostenerme, sus oídos para escucharme y sus palabras para alentarme. Sin ellas, pufff, no quiero pensar qué hubiese sido de mí sin ellas. No quiero nombrar a nadie, creo que ya saben de sobra quiénes son porque se los he hecho saber, pero no quería acabar sin que lo supieran una vez más.

Ahora es tiempo de dar paso a nuevos proyectos, de abrazar a esa Rosalva del pasado que sufrió, de decirle que se acabó, que lo ha superado, que ahora está bien. Es hora de disfrutar y de aprender a vivir. Es el momento de que el árbol sea definitivamente un pájaro. De que aprenda a volar y sea libre. Así que, para celebrarlo, me pondré los cascos a todo volumen y bailaré descalza. ¿Te apuntas?

https://www.youtube.com/watch?v=fJ9rUzIMcZQ