Dejando ir a la sombra y acostumbrándome a mi nuevo exoesqueleto

RosalvaMis Quince Años de Oscuridad, Todos0 Comments

Han pasado algunas semanas desde que me reencontré con mi anterior exoesqueleto langostil  cuando tuve que volver a la consulta de la psicóloga que una vez pensé que nunca más pisaría. Esa que dejé hace un año en aquél edificio porque se me había quedado pequeño, momento en el que ponía fin a mis quince años de oscuridad.

Yo había crecido y esa carcasa ya no me iba a proteger más, pero tuve que regresar porque desde hacía unas semanas estaba experimentando unas emociones y pensamientos que no me gustaban, que me provocaban malestar, y que, a pesar de que estaba intentando mantenerlos a raya, no lo estaba consiguiendo. Me aterrorizaba pensar que si continuaba así todo se iba a desmoronar y que mi peor miedo iba a hacerse realidad, ser atacada por un tigre por el resto de mis días.

No había tenido ansiedad, porque no estaba teniendo ataques de pánico, ni estaba huyendo o evitando. Aunque a veces pensaba que estaba autoconvenciéndome de que esto último no se estaba produciendo, pero que solo eran excusas y que la realidad era que sí. En esta ocasión solo acudí tres veces y no te sorprenderá lo que te voy a decir, porque en realidad, es lo que ya te he contado.

Dejar de ser paciente

Sí, lo sé, ya te he explicado que esto había estado presente durante este último año, pero no había sido consciente de cuánto hasta que volví a la consulta.

Hay dos clases de personas: las que pasan de todo y las que les dan vueltas a las cosas. Yo soy de las últimas y, tras situaciones de incertidumbre que estaba viviendo — nada excepcional, cosas de la vida misma — habían aparecido sensaciones, como las que cualquier ser humano sentiría. No estamos planos así que, las sensaciones y emociones que sentimos se producen para que les prestemos atención, ya que la información que nos aportan nos ayuda a gestionar situaciones de manera satisfactoria. Pues bien, entre mi tendencia natural a ser un escarabajo pelotero y mi experiencia sobre analizando lo que estaba sintiendo y pensando durante estos últimos quince años — porque eso es lo que haces cuando tienes ansiedad, ser supermegafragilisticoespialidosamente consciente de los estímulos, internos y/o externos — la pelota se hizo grande.

En mi mente el diálogo era: 

Como siento esto, o estoy pensando esto, y se parece a lo de antes de, entonces significa que no está del todo solventado. ¿Ves?, sigo teniendo ansiedad. Yo aún no estoy bien. Esto no se me va a quitar nunca y acabaré volviéndome «loca» de verdad.

Postura cognitiva

También lo sé, ya te he hablado de esto antes y sabía que también lo estaba experimentando, pero en estos momentos me había creído tanto que no estaba bien todavía que aunque lo supiera pasaba a un segundo plano.

La conclusión a la que llegué, con ayuda de la psicóloga, fue que durante quince años yo había partido de la base de «estar mal» y vivía situaciones en las que estaba un poquito mejor o peor, pero nunca «bien». ¡Madre mía, nunca había «estado bien»! Así que ahora había asumido que, como esto se parece a los de antes de, aunque no reaccione igual, es lo mismo, pero no, no lo es.

Lo que estaba pasando era que mi mente activaba el recuerdo de una situación vivida antes de, porque tenía similitudes con el ahora, pero mi cuerpo no reaccionaba porque mi estructura de pensamiento había cambiado, por eso no experimentaba ataques de pánico, aunque sí algunas sensaciones incómodas. Es decir, mi mente adoptaba una postura cognitiva, activando un recuerdo por mera psicología evolutiva.

Si las sensaciones que se producen durante un ataque de pánico, son emociones producto del miedo que surgieron como una respuesta adaptativa a las situaciones de peligro, es normal que se active el recuerdo o que te posiciones cognitivamente en esa situación cuando la vuelves a vivir, porque gracias a ello hemos podido protegernos de amenazas y sobrevivir a lo largo de la historia. Aunque en mi caso el miedo no haya sido real, el mecanismo de actuación es el mismo.

Periodo de ajuste

Quince años de pensar y sentir de una manera determinada no se borran de un plumazo, aunque te hayas pasado un año entero trabajando duramente para solucionarlo.

No estoy acostumbrada a vivir partiendo de la base de «estar bien» — como la mayoría de la población — , de dejarme llevar y de disfrutar porque sí, de no estar atenta ni analizar pensamientos negativos o sensaciones incómodas que siento de vez en cuando — y que todos los seres humanos piensan y sienten por el hecho de estar vivos — porque para mí eso no ha sido lo «normal».

Estoy aprendiendo a hacerlo y es normal que a veces surjan dudas porque todo esto no es más que un periodo de ajuste. Estoy acostumbrándome a dejar a esa «Rosalva la ansiosa» atrás, a ser consciente de que ya no soy la misma. Estoy aprendiendo a dejar ir a esa sombra, que como la que Wendy cosió a los zapatos de Peter Pan, llevaba fijada a mis pies. Estoy acostumbrándome a mi nuevo exoesqueleto. Estoy aprendiendo a «vivir», sin más.