Celebrando la vida: mis treinta más uno

RosalvaMis Quince Años de Oscuridad, Todos0 Comments

Mañana, 29 de junio, celebro que llegué a este mundo hace 31 años. Soy de esa clase de personas que piensan que el día en el que cumples años es especial. Creo que durante esas 24 horas eres el protagonista absoluto — o al menos deberías serlo — , en el que las personas que te quieren hacen una piña para recordártelo. Es una fecha marcada en el calendario que te hace sumar tiempo, vivencias y experiencias. Estás celebrando la vida.

A pesar de creer en ello, pocas veces fui la protagonista del mío o al menos no en los últimos quince años, porque quien pautaba lo que hacer y lo que decir, era el tigre. Así que desde el año pasado, en el que puse fin a mis quince años de oscuridad, para mí tiene más importancia si cabe, porque decidí que iba a celebrar todo lo celebrable. Porque sí.

Una mami de instagram a la que sigo me dio la idea. El día del cumple de sus hijos se lo toma libre para dedicárselo en exclusiva a ellos por lo que, desde que se despiertan hasta que se acuestan, son quienes eligen lo que quieren hacer: ir a pasear en bici, desayunar donuts, ir al cine… Me pareció tan buena idea, que no se me ocurrió mejor forma de celebrar el mío. Decidí otorgarme esa concesión y, por primera vez, hacer lo que me apeteciera.

Aunque han pasado doce meses lo recuerdo como si fuese ayer. Tras despertarme y recibir el mejor regalo de todos: el amor y el cariño de mi familia y de mis amigos, salí a pasear a la playa. Era temprano, pero al ser un día laborable no había casi nadie. Comencé a caminar por la orilla mientras mis pies dejaban su huella en la arena mojada, a dejarme llevar por el sonido del mar y de la música que estaba escuchando, a sonreír a las pocas personas con las que me cruzaba.

Después de una hora me senté a mirar al horizonte mientras no paraba de pensar en lo afortunada que era. Por vivir. Por sumar un año más. Por tener a gente tan maravillosa a mi lado que me quiere. Y me hice una promesa. Ese día me prometí que pondría el marcador a cero para empezar a vivir de verdad. Para dejar ir al tigre liberándome de sus garras. Para ser libre y celebrar mi renacimiento.

Hacía pocas semanas que había finalizado la terapia psicológica y, aunque sabía que tenía una caja de herramientas maravillosa para identificar y gestionar mis emociones, y me había dado cuenta de que tenía el poder, de que era libre, seguía teniendo miedo. Pero esta vez era diferente. Este era el miedo al miedo al miedo. Era un miedo al cubo. Un miedo a recaer en la ansiedad.

Durante este año he sido consciente de que daba igual el qué, que lo importante era el cómo: no importaba la situación o el estímulo que originase las sensaciones del ataque de pánico, lo crucial era cómo lo gestionaba — y me había pasado los últimos 450 días poniéndolo en práctica, modificando mi estructura de pensamiento — . Además he experimentado confusión porque era la misma, pero también diferente. En muchos momentos me desconocía y me redescubría a mí misma. Me costó darme cuenta de algunas cosas y aceptar otras porque, mis pensamientos, mis sensaciones, mis emociones o mi forma de actuar ante muchas situaciones era completamente distinta y me descolocaba. A mí y a los demás.

364 días después, ese miedo al cubo sigue existiendo, pero a medida que voy ganando confianza en mí y en que sé cómo hacerlo, se va mitigando. Muchas veces sigo teniendo una postura cognitiva determinada con respecto a la ansiedad. Y es que he actuado y pensado así durante tanto, taaaanto tiempo, que de forma natural, ante un estímulo que antes me provocaba sensaciones, mi mente se pone en esa posición pensando en que va a volver a suceder, pero mi cuerpo no le sigue el rollo. Es como si actuasen por separado. Es como si pensase que voy a reaccionar de una manera determinada pero acabo sorprendiéndome.

Me ha costado interiorizar que como ser humano, no estamos planos, que sentimos una ristra de emociones y que el estado natural de las personas no es estar en las nubes como tampoco lo es estar en las profundidades de la tierra. Que lo sano es el equilibrio, estar «bien» o «normal», con algunos momentos mejor y con otros peor. Es parte de la vida.

Mañana celebraré mis 31 veranos, pero también mis 30 más 1. El contador seguirá sumando: tiempo, experiencias y vivencias. Aun no tengo claro lo que voy a hacer, pero espero seguir con la tradición de hacer lo que me apetezca y, cuando sople las velas, celebraré la vida.

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